El proceso criogénico multietapa CRYOBEST es una forma avanzada de tratamiento durante el cual los materiales se someten a variaciones controladas de temperatura que pueden llegar hasta -180ºC, siguiendo una serie de etapas predefinidas.
Puede considerarse como una evolución de los tratamientos criogénicos convencionales. Estos consisten esencialmente en someter a los materiales a temperaturas criogénicas del mismo orden durante periodos prolongados de tiempo. Existen diversas variantes, pero la duración total del proceso generalmente supera los dos días.
Las ventajas que aporta el proceso criogénico multietapa son, fundamentalmente, de dos tipos:
El tratamiento no altera la apariencia ni las dimensiones de los componentes. Se realiza en atmósfera inerte y no hay cambios de color ni oxidación. De hecho, una de las características del tratamiento es que, en la práctica, es indetectable. Los cambios que se producen son muy sutiles y afectan al material a escala microestructural.
El proceso CRYOBEST puede aplicarse en una amplia variedad de materiales:
Los efectos o resultados que proporciona el tratamiento CRYOBEST están ligados al material (y a la aplicación). Entre ellos destacan los siguientes:
Se trata de un tratamiento térmico y, por lo tanto, afecta de modo permanente a todo el volumen del material tratado. Esto implica que un componente o herramienta puede ser repasado, afilado, modificado, etc. sin pérdida de prestaciones (a diferencia de lo que ocurriría con un tratamiento superficial o un recubrimiento). Una vez aplicado el proceso a un material ya no será necesario volverlo a tratar.
Este proceso no sustituye a los tratamientos habituales de temple aunque, en ciertos casos, podría considerarse como una prolongación de los mismos. Además,es compatible con otras soluciones habituales en la industria (recubrimientos PVD, nitruración,…) y funciona bien en conjunción con ellos.
Es importante no confundir el proceso CRYOBEST (ni otros tratamientos criogénicos de tipo convencional) con los tratamientos subcero que someten, tras el temple, a ciertos aceros a temperaturas del orden de –80 ºC con el fin de aumentar su estabilidad dimensional.