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Fundamentos del proceso

Durante años los tratamientos térmicos criogénicos se desarrollaron rodeados de escepticismo. Esto se ha debido en parte a que la aplicación de los mismos ha sido fundamentalmente empírica, basada en la experiencia.

Afortunadamente, ante la incuestionable evidencia de los resultados, en los últimos años se ha producido un creciente esfuerzo investigador en el que se han involucrado numerosas universidades y centros de investigación de todo el mundo. En cualquier caso se trata de una tarea ardua y costosa dado la gran cantidad de materiales y aplicaciones (aparte de otras variables) a considerar.

¿Qué ocurre en los materiales al ser sometidos al proceso? Siendo honestos, hay que reconocer que aún quedan bastantes interrogantes. Sin embargo, hay fenómenos bien conocidos. En el caso de los aceros, las bajas temperaturas favorecen la transformación de la austenita retenida que queda después del temple en martensita, una fase del acero más dura y resistente. También se sabe que a temperaturas criogénicas se producen precipitaciones de carburos finos, lo cual da lugar a estructuras más homogéneas.

Esto no explica los fenómenos observados en otros tipos de materiales aunque, recientemente, se ha observado que también ocurren otros tipos de precipitaciones similares a las de los carburos. Ciertas teorías apuntan a cambios en la estructura microcristalina debidos a que, a 0ºK, los cristales estarían en su estado ideal. Al acercarse a esas temperaturas los cristales se reordenan, el grano se afina, se eliminan pequeños defectos y dislocaciones... En definitiva, se obtiene un material con una microestructura mejorada lo cuál se manifiesta en mejoras en sus prestaciones.